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Cuando la Copa es un problema


s se celebrará la final de la Copa del Rey. Finalísima por enfrentar a dos enemigos irreconciliables. Real Madrid y Atlético de Madrid frente a frente por el segundo trofeo de España. A priori, este partido debería ser una fiesta para ambos clubes y un reto conseguirlo. Pero esta vez no es así, al menos para uno de los dos.
El Atlético de Madrid viene de finiquitar su objetivo, que no era menos que clasificarse para Champions League. Y lo hace por todo lo alto. Los de Simeone han conseguido una meritoria tercera plaza que les da pase directo para la máxima competición europea. Pese al tropiezo en Uefa Europa League, la temporada ha sido de notable, y esta Copa del Rey sería la guinda del pastel, si bien perderla tampoco crearía estragos en el estamento rojiblanco.


Enfrente está el Real Madrid. Los merengues han fracasado esta temporada perdiendo la Liga y no consiguiendo la Décima, que era el objetivo prioritario. Con el vestuario dividido, con un capitán en horas bajas, rumores de salida de media plantilla y un entrenador con ganas de montar la marimorena, el Real Madrid se encuentra con esta Copa del Rey. De ganarla, el trofeo no arreglaría el año para los blancos; de perderla, podría ser el finiquito para una entidad demasiado tocada en los últimos tiempos. La derrota incendiaría el Bernabéu, pues perdería el único trofeo que le queda y, para más inri, frente a uno de sus máximos rivales. Mourinho entraría en cólera en rueda de prensa (si bien eso creo que pasará aunque gane), los medios se echarían encima del club y la plantilla se revolvería aún más en el vestuario.
El Atlético de Madrid puede poner el broche de oro con esta Copa. El Madrid no tiene nada que ganar y mucho que perder, ya que lo único que necesita el club blanco es que esta temporada termine. Cuando un trofeo - que aunque no es top si es "bonito de ganar" - molesta, es que el club no se encuentra en sus mejores momentos. Y esta Copa, para el Real Madrid, es un problema.

La chispa ilumina el camino a Europa. Real Sociedad 4 - Valencia 2.


Hoy no era ni martes, ni miércoles, ni siquiera jueves. Pero hoy había partido por Europa. Anoeta se vestía de gala para recibir al Valencia. El objetivo de ambos: los puestos europeos. Las estrellas de la Champions, esas que brillan entre semana, brillaron hoy en San Sebastián.

Como era previsible, el partido comenzó intenso. La Real, aprovechando su condición de local, presionó al Valencia y consiguió poner nerviosos a los ches. A pesar del alto ritmo, las ocasiones no llegaban con claridad. Solo un gran disparo de Mathieu hizo que Anoeta mantuviese la respiración hasta que Bravo sacara el balón de la escuadra.

Tras los primeros minutos de locura, el ritmo se relajó y el juego posicional apareció. La Real se mantuvo cómodo en campo propio, pero no enlazaba con su delantera. En uno de los furtivos ataques valencianistas, Cissokho realizó un gran centro desde la izquierda para que Soldado, de cabeza y adelantándose a los centrales txuri-urdines, consiguió el primer gol (25´). El golpe, que dejó noqueado a los locales, casi es doble. Un pase al hueco hacia Soldado lo interceptaría Claudio Bravo fuera del área sin sanción alguna, llevando al delantero che a la locura. El Valencia se encontraba cómodo.

Pero la Real comenzó a carburar. Presión, toque rápido y calidad hicieron que, tras un corner, Chory Castro pusiera un centro con diestra para que Íñigo Martínez, solo en el segundo palo, colocara el balón en la escuadra (34´). Otra vez tablas y volver a empezar. Y así hasta la segunda parte, donde veríamos una obra de arte.

El Valencia saldría mejor en los segundos cuarenta y cinco minutos. Los ches demostrarían madurez, entereza y experiencia. Los chavales de la Real se pusieron nerviosos, y fue ese nervio el que propició el gol. Un robo del Chory Castro desató la locura. El uruguayo sacó el balón desde la frontal y se la pasó a Agirretxe, que hizo una pared con él y comenzó a correr. El delantero vasco recibe la pelota y corre por banda, mientras el Chory se desmarca por el medio. Mientras, el Valencia no sabe lo que está pasando. Agirretxe conecta un pase preciso (y precioso) a las botas del Chory Castro, que supera al portero (72´). Calma y estallido. La tormenta perfecta.

Después, todo parecía un juego. La tormenta había pasado y había dejado tocado al Valencia, que lo intentó durante el resto del partido. Aún así, los locales no se habían divertido lo suficiente. Un centro de Xabi Prieto lo remató Agirretxe en el segundo palo (86´). El orgullo del Valencia lo obligó a seguir luchando y los de Valverde consiguieron el segundo gracias a Jonas, que remató un rechace (90´) tras gran parada de Claudio Bravo. Aún así, las cartas ya estaban echadas. Agirretxe, que se estaba recreando como el que más, siguió iluminando los ojos de los aficionados de este bonito deporte. El delantero vasco se plantó delante de Alves y, ni corto ni perezoso, le coló una vaselina (94´) que ni el mismísimo Raul y su cuchara.

Porque esta Real es mucha Real. Los de Montanier, que por fin ha dado con la tecla, no tienen competidor en la “Liga de los mortales”. El año que viene, Europa se teñirá de azul y blanco y cantará los goles del equipo txuri-urdin.  

EL MEJOR: Agirretxe. Pasó, robó, disparó, corrió y marcó. El delantero hizo de todo, y además lo hizo bien.

EL PEOR: Albelda. El experimentado centrocampista se vio superado por el altísimo ritmo de la Real. No fue su día y lo sustituyeron pronto.

EL ÁRBITRO: Horroso. Se comió unas manos fuera del área de Claudio Bravo y después un penalty clarísimo de Cissokho. Quiso restablecer el equilibrio en los fallos y al final lo estropeó.

ÁLVARO DOMÍNGUEZ (@adominguezgomez)

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